En el fútbol base nos estamos acostumbrando a pensar que un club moderno es aquel que tiene cámaras, GPS, plataformas de datos y estadísticas de todo tipo. Me gusta la tecnología y creo que puede ayudarnos mucho. Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos antes de gastar un solo euro: ¿sabemos realmente qué vamos a mejorar con ella? Porque medir no es lo mismo que comprender, y comprender tampoco garantiza que tomemos buenas decisiones.
El GPS nos dice cuánto corre un jugador, pero no cómo está viviendo el esfuerzo
Un dispositivo puede registrar distancias, velocidades, aceleraciones y frenadas. Esa información resulta útil para comparar sesiones y detectar cambios en las exigencias físicas. Sin embargo, dos futbolistas que recorren la misma distancia no necesariamente soportan la misma carga. Uno puede estar en pleno crecimiento, otro puede llegar cansado de estudiar y un tercero puede estar regresando de una lesión. La cifra es la misma; las circunstancias no.
La ciencia de 2026 pide prudencia
Una revisión publicada en abril de 2026 examinó 34 estudios sobre GPS en fútbol juvenil. Encontró grandes diferencias en los umbrales utilizados para definir carreras rápidas, aceleraciones y desaceleraciones. Eso significa que dos sistemas pueden presentar números distintos para acciones similares. Además, las velocidades absolutas no tienen el mismo significado para un jugador madurado físicamente que para otro que todavía está creciendo. La investigación defiende la utilidad del GPS, pero reclama métodos más consistentes y criterios adaptados a cada futbolista.
Tampoco todo lo que mide un reloj es igual de fiable
Otra revisión de junio de 2026 estudió la validez de dispositivos portátiles en deportes de equipo. El seguimiento de la frecuencia cardiaca ofreció resultados generalmente más consistentes que las estimaciones de gasto energético, especialmente en condiciones controladas. Calcular calorías o consumo de energía durante acciones intermitentes, cambios de dirección y esfuerzos intensos sigue siendo más problemático. Por tanto, no deberíamos tratar cada dato que aparece en una pantalla como una verdad científica.
Ningún algoritmo puede prometer que evitará la próxima lesión
También debemos desconfiar de quienes venden la prevención de lesiones como si fuera una predicción meteorológica. Una revisión y metaanálisis de 2026 sobre la relación entre carga aguda y crónica encontró asociaciones con el riesgo de lesión en determinados contextos, pero concluyó que ese indicador no debe utilizarse de forma aislada como modelo predictivo o causal. Una cifra elevada puede invitarnos a investigar qué sucede. No es una sentencia sobre el cuerpo de un jugador ni una autorización automática para apartarlo del entrenamiento.
Hay algo más barato y con mejor respaldo científico
En 2025, una revisión de programas preventivos en fútbol juvenil reunió 19 estudios con 28.200 participantes. El metaanálisis de los estudios con datos suficientes encontró una reducción significativa del riesgo de lesión en los grupos que realizaron programas preventivos, aunque los resultados variaban entre intervenciones. La constancia en su aplicación fue importante. Hablamos de calentamientos neuromusculares, equilibrio, fuerza, control de aterrizajes y progresiones adecuadas: trabajo que muchos clubes pueden introducir con pocos materiales y una buena planificación.
Qué haría mañana en un club de barrio
Antes de comprar dispositivos para toda la plantilla, establecería una rutina sencilla. Preguntaría a cada futbolista cómo se encuentra, si tiene molestias y cómo ha descansado; registraría asistencia, minutos de competición y percepción subjetiva del esfuerzo; e introduciría un calentamiento preventivo progresivo, adaptado a la edad y supervisado. Después revisaría con los entrenadores si estamos acumulando cargas desproporcionadas o si algunos jugadores apenas tienen oportunidades de entrenar y competir. Estas observaciones no sustituyen una valoración sanitaria, pero ayudan a detectar situaciones que merecen atención.
La dirección deportiva debe dar continuidad al cuidado
En un club con varias categorías, la prevención no puede depender únicamente de la sensibilidad de cada entrenador. Necesitamos criterios compartidos, una comunicación responsable con las familias y un procedimiento claro cuando aparecen molestias. También debemos respetar la privacidad de los datos de salud, especialmente cuando trabajamos con menores. El jugador no es una ficha de rendimiento: es una persona que está creciendo y que necesita sentirse protegida por su club.
La tecnología tiene que llegar cuando exista una pregunta que responder
Si un día disponemos de presupuesto para GPS, los utilizaría para responder cuestiones concretas: ¿estamos preparando adecuadamente las exigencias del partido?, ¿cómo varía la carga según las tareas?, ¿hay diferencias importantes entre quienes juegan muchos minutos y quienes apenas participan? Pero exigiría formación para interpretar los datos, continuidad en la medición y una evaluación real de su utilidad. De nada sirve comprar una herramienta avanzada si luego no tenemos tiempo para analizarla ni capacidad para cambiar nuestros entrenamientos.
Conclusión
Defiendo la tecnología porque creo en el progreso. Pero el progreso no consiste en convertir a un club de barrio en una mala imitación de una estructura profesional. Consiste en utilizar bien los recursos disponibles, proteger a los futbolistas y formar entrenadores capaces de tomar mejores decisiones. Un GPS puede decirnos cuánto ha corrido un jugador. Un buen club debe saber, además, cuándo necesita entrenar, cuándo necesita descansar y, sobre todo, cuándo necesita que alguien lo escuche.
Fuentes consultadas
Havanecz y colaboradores (2026): revisión del seguimiento de cargas mediante GPS en fútbol juvenil.
Metaanálisis de 2026 sobre carga aguda/crónica y riesgo de lesión.
Castillo y colaboradores (2025): programas de prevención de lesiones en fútbol juvenil.